Cuentos españoles donde el fútbol cuenta

 

en el futbol 2

En Sombrero y Mississippi, Ray Loriga reflexiona sobre las impresiones que el oficio de escribir ha dejado en él durante los más de veinte años dedicados a ello. Arranca con esta sentencia: «Si fuese posible distinguir entre lo que se debe escribir y lo que no, estaríamos ante el oficio más sencillo del mundo.» La literatura está abierta a todo. Al menos a todo lo que cuente algo y esté bien contado.

Por mucho que el maestro Borges lo sentenciara con aquello de que «el fútbol es popular porque la estupidez humana es popular», el fútbol es un tema tan literario como otro cualquiera. Por más que él lo considerase un juego estúpido, cada vez son más los escritores que lo utilizan como metáfora de la vida o, simplemente, como tema alrededor del que orbitar el texto. En la última década, el fútbol y la literatura han afianzado una relación duradera, con voces como la de Manuel Vázquez Montalbán, Villoro, Galeano, Javier Marías o Nick Hornby, entre muchos otros.

No solo hay más novelas y ensayos futboleros sino que, cada vez, es más frecuente toparse con un relato sobre el deporte rey en medio de una colección. Solo es necesario un balón, y la narración echa a rodar.

Manuel Abacá

descargaEn su primer libro, La mesa puesta, una colección de relatos breves, Manuel Abacá ya deja entrever que es un apasionado del fútbol. Los ocho cuentos que conforman esta colección están contados como en voz baja. Casi susurrados. Las historias no narran grandes momentos, sino esos otros que por su nimiedad pasan desapercibidos. El despertar del niño —ese niño que hemos sido todos— que lo primero en que piensa es en el partido que jugará esa mañana. O la inquieta espera en el banco de madera, debajo de casa, a que el padre de un compañero de equipo pase a buscarles para llevarles al campo del barrio. O los trofeos que adornan la habitación del padre. O las cervezas y los futbolines y el porro furtivo, más adolescente, después del partido. El fútbol que se esconde detrás de los cuentos de Manuel Abacá es un fútbol de barrio, de toda la vida. El fútbol de todos. Sus cuentos narran esa vida que se juega en campos de tierra y llaga las rodillas y los codos de los protagonistas. La vida de todos los días.

Manuel Rivas

descarga2En una de sus colecciones de cuentos, ¿Qué me quieres, amor?, famosa por el relato «La lengua de las mariposas», Manuel Rivas utiliza la excusa del fútbol en uno de ellos para ilustrar el conflicto padre-hijo. El título: «El míster & Iron Maiden». El motivo de la riña familiar, banal: ambos, padre e hijo, ven por la tele el trascendental partido en el que el Deportivo de la Coruña se juega el campeonato de Liga contra el Real Madrid. El hijo, con su camiseta de los Iron Maiden, maldice al entrenador por la decisión que ha tomado: a cinco minutos del final, Arsenio Iglesias, el entrenador del Deportivo aquella temporada 94-95, quitó a un delantero cuando su equipo se había adelantado con gol de Bebeto. «Estábamos ganando, estábamos ganando y va y cambia un delantero por un defensa. Siempre recula. ¿No te das cuenta de que siempre recula?». Su padre le rebate. La experiencia de pelo cano contra el impulso y soberbia de la juventud. Aquel partido decidía una Liga, que acabaría ganando el Madrid  gracias a un gol tardío de Van Van Zamorano. Y el destino de una familia.

descargaEn otra de sus colecciones, Ella, maldita alma, Manuel Rivas vuelve a utilizar el fútbol en «La trayectoria del balón». El cuento arranca con Román y Uri jugando en la calle al balón. De repente, Román chuta, el tiro sale desviado y le salta las gafas a una mendiga. «Con la rabia de ir perdiendo, le di un patadón al balón y salió como un obús. Desviado. Le dio en la cara a la mendiga de los plásticos. En el suelo quedaron, destrozadas, sus gafas». La mendiga, una vieja con verrugas en la cara, les increpa: «¡Hijos de la gran puta!». Aunque Uri insiste a su amigo para que coja el balón y salga corriendo lejos de las garras de la vieja, Román se quedará. Y ahí nace el cuento: en el conocimiento. Son más fuertes las ganas de conocer de Román que el miedo a la arrugada figura de la mendiga. Solo un balonazo a deshora es necesario para que surja la literatura.

 

descargaEn Las llamadas perdidas, Manuel Rivas también dedica un cuento al deporte rey: «El partido de Reyes». Arranca con un clásico de los domingos, la voz de Carrusel Deportivo: «Son las cinco de la tarde, una hora menos en Canarias». El narrador se pasa los recreos jugando al fútbol, y habla de Félix, o Feliz, como ellos le llaman: un chico que «ceceaba algo y sonreía cuando le reprendíamos». Con el paso de los párrafos, el narrador se sincera: en realidad le llamaban Mongol. Félix o Feliz tiene síndrome de Down. Un bofetón de la madre le hace entender «que una cosa era Félix, que era como nosotros, y otra, una especie de duende relojero llamado Down que maquinaba por dentro para cambiarle la hora, distorsionarle el micrófono de la voz y volver áspera y pasa su piel de uva». El descubrimiento del diferente. La crueldad de los niños. La bofetada del aprendizaje. El fútbol de patio, la mercromina en las rodillas. Las tardes pasadas dando patadas a un balón. Los partidos que acaban a la hora de cenar. A eso huele este cuento.

Carlos Marzal

untitledEn la colección de relatos Los pobres desgraciados hijos de perra, Carlos Marzal nos presenta a una panda de adolescentes de familia bien que veranean en una urbanización de chalets. «Estábamos siempre tirados en la esquina de cualquier acera mientras olfateábamos el pequeño mundo de la urbanización, su vida misteriosa y sin misterio a la vez, aunque no supiéramos muy bien en qué consistían ni la vida ni el mundo. Tirados como gatos. Tirados como perros. A la sombra». Solo se levantan del suelo para enrollarse con las novias o para tomarse unos cubatas o para jugar los partidillos del torneo de verano. Llegan a las pistas de fútbol sala en sus motos. La novia, de paquete, bien agarrada a la cintura. Fuman un pitillo antes de jugar. El partido se convierte en batalla, en pelea de perros que quieren marcar su territorio. Son jóvenes y fuertes, están llenos de vida. El fútbol se convierte en válvula de escape por donde dejar salir la frustración, la resaca, los primeros dolores que les produce el amor. El fútbol, en los cuentos de Marzal, es el último de los juegos que les queda a estos desgraciados. La primera y última pasión de la infancia que se esfuma.

Julio Llamazares

descarga (1)En Tanta pasión para nada, Julio Llamazares decidió abrir la colección con uno futbolero. No eligió un momento cualquiera para hacerlo: «El penalti de Djukic». Un relato que arranca con la crucialidad de aquel instante en el que el jugador croata tuvo la inmensa responsabilidad de lanzar el penalti, seguramente, más decisivo de su carrera y de la historia del club coruñés. En todo momento solemne irrumpe la cotidianidad, que lo hace grande: «Cuando cogió el balón, Djukic se acordó de lo que su mujer le había dicho aquella tarde; parecía como si lo presintiera. Si acaso, le había dicho Ceca, no se te ocurra tirar un penalti». Todos recordamos aquel penalti. 14 de mayo de 1994. Lo lanzó flojo, ligeramente a la izquierda. Glorioso para González, trágico para Djukic. Todos recordamos a Djukic desplomándose sobre el césped después de que el árbitro señalase el final del partido. El cuento de Llamazares se adentra en la historia de aquel penalti. Porque un penalti empieza a tirarse mucho antes de que el árbitro lo pite. Y aquel pesaba más que una copa de Liga.

Ignacio Martínez de Pisón

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El relato que da nombre a la colección, El fin de los buenos tiempos , de Martínez de Pisón, aborda el fútbol desde otro punto de vista: del entrenador. Como la mayoría de los equipos de pueblo, el de San Simeón lo forman una cuadrilla de chavales. No son estrellas pero han crecido juntos. Se han merendado las tardes de su infancia dándole patadas al balón: «Les unía un entendimiento, un código secreto y exclusivo que hacía que el equipo se comportara como un solo organismo, sano y vigoroso. Yo los había visto jugar cuando eran aún unos niños, y ya entonces me había sorprendido de esa compenetración». El entrenador sabe que dirige una generación especial, de las que surgen cada decenio. Debe saber manejarla si quiere triunfar. Media con los padres, que no borren a sus hijos del equipo. Que no sección en el organismo. Muchos de los chicos siguen jugando. «Si lo esencial del conjunto se había mantenido unido, ello había sido en gran medida gracias a mí. Ahora varios de esos chicos se habían incorporado a la alineación titular de C.F. San Simeón, y los resultados hablaban por sí mismos: ocho goles al Amistad, cinco al Villaseñor, primeros del grupo a falta de siete jornadas». El cuento desvela la trepidante historia de esas siete últimas jornadas.

 

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2 comentarios en “Cuentos españoles donde el fútbol cuenta

  1. Pingback: “El fin de los buenos tiempos”, de Ignacio Martínez de Pisón | Futbol Club de Lectura

  2. Pingback: El añorado fútbol noventero | A RAS DE HIERBA

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